Presentacion en video
Contra La Colonialidad y Brea Producciones
Presentan : “”contracolonial”"
Recomendación: intenta ver el video a un volumen alto, ya que de lo contrario perderas parte de los diálogos.

Presentacion en video
Contra La Colonialidad y Brea Producciones
Presentan : “”contracolonial”"
Recomendación: intenta ver el video a un volumen alto, ya que de lo contrario perderas parte de los diálogos.
Hace ya tiempo, la madrugada tapatía encontró a Elías Contreras, comisión de investigación del EZLN, sentado en una de las bancas del parque que está frente a la catedral que impone su doble poder, el simbólico y el real, a la ciudad de Guadalajara. Elías Contreras había llegado a esta ciudad para encontrarse con el Ruso en su puesto de tortas salvadas y, después, con el chino Feng Chu en los baños públicos de la Mutualista, cuando estaba metido en lo de resolver aquel desconocido caso del Mal y el Malo.
Para quien no lo sepa, Elías Contreras era un compañero base de apoyo del EZLN, veterano de guerra, que apoyaba a la Comandancia General del EZLN en labores de lo que ustedes llaman “de detective” y nosotros llamamos “de comisión de investigación”.
Pero, antes de las desconcertantes tortas del Ruso y de la parquedad del Chino, Elías Contreras había estado sentado en uno de los parques del centro de esta ciudad de Guadalajara, garabateando en su libreta dibujos, frases sueltas, párrafos completos y líneas imprecisas, mientras esperaba que el sol manchara la pared oriente de la catedral.
Yo no sabía de la existencia de esa especie de bitácora de vuelo o diario de campaña en el que, paradójicamente, Elías Contreras no escribió nada que se refiriera directamente al caso aquel en el que el amor, ese otro amor, le llegó como llega de por sí el amor, es decir, por donde menos lo espera uno; en su caso, acompañado del desconcierto y el miedo que suelen acompañar el encuentro con lo otro. El amor que se le fue por donde uno teme siempre que se vaya: por la irremediable ruta de la muerte. Porque, tal vez alguien lo recuerde, La Magdalena cayó peleando de nuestro lado, el zapatista, contra el Mal y el Malo. Y era nuestra compañera por partida doble: porque eligió ser mujer y porque escogió serlo con nosotros. Pero es otra historia que tal vez encontremos en otra parte.
Elías Contreras nunca dijo que se hubiera enamorado de La Magdalena, el o la travesti que le salvó la vida en las calles de la Ciudad de México y que lo acompañó en la persecución del tal Morales. Nunca lo expresó abiertamente, es cierto; pero uno que aprende a escuchar palabras, silencios, gestos y maneras, sabe también encontrar secretos de los que ni siquiera se sospecha su existencia. Y Elías Contreras, comisión de investigación del EZLN, hablaba de La Magdalena callándola, como si las palabras fueran a lastimarla. Creo, es algo que se me ocurre ahora, que Elías Contreras no era correspondido en los mismos sentimientos que abrigaba por La Magdalena, y que eso, de alguna forma, le alivió del desbarajuste que esa emoción le provocaba.
Pero del oculto amor del ahora finado Elías Contreras por La Magdalena y de lo que en él había en su libreta de apuntes, tal vez les cuente en otra ocasión. O tal vez no les cuente nunca, porque hay personas que no sólo dejan, como peso, el manifiesto de su muerte; también nos dejan los secretos de su vida.
Ahora quiero contarles de algunas partes del cuaderno que cargaba Elías Contreras. No pocas veces la madrugada nos encontró parados frente al fogón de su cocina y, cuando los silencios de uno y otro se alargaban lo suficiente, Elías sacaba de su morraleta la ajada libreta y me la pasaba sin mirarme o decirme algo siquiera.
Yo me asomaba a ella como un intruso torpe. Bastaba darle una mirada rápida para darse cuenta que sólo el autor podría descifrar lo que ahí estaba escrito o dibujado. Como si se tratara de un rompecabezas cuya figura total ignoran todos, menos quien diseñó las piezas.
A veces leía yo en voz alta alguna frase y él, Elías Contreras, empezaba a armar las piezas. Como hablando para sí mismo, rehacía una anécdota o un argumento.
Estaba, por ejemplo, esa sencilla y concisa ética del guerrero que, en trazos casi ilegibles, debe haber copiado Elías Contreras de algún lado:
1.- El guerrero debe ponerse siempre al servicio de una causa noble.
2.- El guerrero debe estar siempre dispuesto a aprender y hacerlo.
3.- El guerrero debe respetar a sus ancestros y cuidar su memoria.
4.- El guerrero debe existir para el bien de la humanidad, para eso vive, para eso muere.
5.- El guerrero debe cultivar las ciencias y las artes y, con ellas, ser también el guardián de su pueblo.
6.- El guerrero debe dedicarse por igual a las cosas grandes y a las pequeñas.
7.- El guerrero debe ver hacia delante, imaginar el todo ya completo y terminado.
No una madrugada, sino una tarde, viendo como el sol saltaba de una nube a otra hasta esconderse tras la montaña, con su cuaderno en mis manos, le leí a Elías Contreras las siguientes frases, escritas por él mismo:
“La resistencia es detener el destino que impone el de arriba, justo el tiempo preciso para hacer la fuerza necesaria y destruir entonces esa desgracia y a quien nos la procura”.
Al escucharla, Elías Contreras dijo “Guadalajara, cuando el Ruso y el Chino”. Y acto seguido me contó que escribió ese su pensamiento en la madrugada de espera en el centro de la llamada “Perla de Occidente”.
Después seguía otra frase. La leí en voz alta:
“A los cabezas grandes que se venden al dinero les falta la inteligencia, como les faltan el coraje, la vergüenza y el buen modo. Como dicen los ciudadanos: son mediocres, cobardes, imbéciles y maleducados”.
Allá arriba, me dijo Elías Contreras mirando hacia abajo con rencor, no sólo se inventan una religión donde vale el que tiene y no el que es. También hacen unos como sus sacerdotes que escriben y predican la doctrina del poderoso entre los de arriba y entre los de abajo. Pero son como sacerdotes pero también como policías y vigiladores de que nos portemos bien, que sea que nos aceptemos la explotación y estemos como mansitos, con la cabeza diciendo “sí” o “no” según la orden. Que sea que el poderoso te chinga también con el pensamiento. Y esos sacerdotes del pensamiento de los de arriba son los cabezas grandes que se venden al dinero.”
- ¿Los intelectuales de arriba? -, pregunté.
- Ésos -, dijo Elías Contreras, comisión de investigación del EZLN, y, sentado en un tronco, viendo hacia occidente, repitió para mí el argumento que construyó aquí en Guadalajara, cuando le seguía la pista al Mal y al Malo, en esa todavía inconclusa tarea de nosotros, los llamados neozapatistas.
De ese argumento, que Elías Contreras me expuso en tzeltal y que, por lo tanto, tiene palabras para las que no hay equivalentes en los diccionarios de los idiomas dominantes y dominadores, saqué los siguientes apuntes:
LOS INTELECTUALES DE ARRIBA.
Si las policías y los ejércitos son los comisarios del buen comportamiento del ciudadano frente al despojo, la explotación y el racismo, ¿quién cuida del buen comportamiento en la reflexión intelectual, en el análisis teórico?
Si el sistema jurídico que viste de “racional y humana” la violenta imposición del capital tiene jueces, vigilantes, policías y cárceles, ¿cuáles son sus equivalentes en la cultura en México, en la investigación y la academia, en la producción teórica, el análisis y el debate de ideas?
Respuesta: los intelectuales que arriba dicen qué es ciencia y qué no lo es, qué es serio y qué no lo es, qué es debate y qué no lo es, qué es verdadero y qué es falso, en suma: qué es inteligente y qué no lo es.
El capitalismo no sólo recluta a sus intelectuales en la academia y en la cultura, también “fabrica” sus cajas de resonancia y les asigna sus territorios. Pero lo común a ellos y ellas está en su fundamento: simular humanismo donde sólo hay sed de ganancias, presentar al capital como síntesis del devenir histórico, y ofrecer la comodidad de la complicidad por la vía de las becas, el pago de publicidad y la interlocución privilegiada. No hay una diferencia apreciable entre un libro de superación personal y las revistas “Letras Libres”, “Nexos”, “¿Quién?” y “TV y Novelas”. Ni en la redacción, ni en el precio ni en el lugar que ocupan en los Sanborns de Carlos Slim Helú, si acaso en que se venden y leen más las dos últimas. ¿En el contenido? Todas ofrecen el espejo imposible a los que arriba son los que son.
LOS INTELECTUALES DE EN MEDIO.
Igual que en el imposible centro de la imposible geometría del Poder, en las frágiles torres de cristal de la “neutralidad” y la “objetividad” están los intelectuales que navegan dirigiendo discretas o descaradas coqueterías al sistema, sin importar el color de quien detente el poder político.
Mirando hacia arriba, estos intelectuales responden a la pregunta explícita o implícita con la que arranca su quehacer: “¿Desde dónde?”. Y en esta pregunta se anudan las otras preguntas: “¿Por qué?”, “¿Con quién?”, “¿Contra quién?”
Desde la antesala del Poder, haciendo méritos en la corte del mandarín de moda sexenal, estos intelectuales no están en medio, sino en tránsito hacia arriba. Se ponen a disposición, con la herramienta del análisis y el debate teóricos, en las banquetas del poder político y económico de México, con un letrero que reza: “Se hacen discursos. Se justifican programas gubernamentales. Se asesoran empresarios. Se hacen publicaciones al gusto. Se amenizan fiestas, reuniones de accionistas y gabinetes”.
Junto a estos intelectuales están los que, lenta o rápidamente, declinaron sus principios, claudicaron y buscan desesperadamente una coartada que los salve frente al espejo. Son los intelectuales prudentes, maduros y sensatos que han depuesto las armas de la crítica con las caricias de quienes visten de izquierda su quehacer de derecha.
Pero no deja de ser desconcertante la posición deshonesta de estos intelectuales afectos al sistema. La pobre coartada del cambio pausado, racional y responsable, no alcanza a santificar la cueva de ladrones que es la autodenominada izquierda electoral. Se visten con la frágil fugacidad de los medios de comunicación, y con ella disfrazan no sólo sus inconsecuencias, también su renuncia a todo ejercicio de análisis crítico de la clase política. Acosados por los fantasmas que sus prudencias crearon, ratifican un profundo desprecio por la inteligencia.
Y los hay quienes se dicen de izquierda radical y hasta zapatistas (seguramente del mismo modo en que Guajardo se dijo zapatista). Desde la comodidad de la academia se erigen en los nuevos jueces, los neo comisarios de las buenas maneras en el debate sobre lo que realmente significa el irresistible ascenso de AMLO en la modernidad democrática, es decir, en las encuestas.
Son quienes dicen que toda crítica a la clase política es promover el abstencionismo y, con una lógica tomista, que con eso se favorece a la derecha. Los que seleccionan y editan la realidad nacional para presentar lo impresentable. Los que guardan silencio ante el trato que el presidente municipal de Tulancingo, Hidalgo, de filiación perredista, otorga a indígenas y personas de la tercera edad; ante el brinco frenético del PAN y del PRI a los brazos abiertos del PRD en cualquier punto de la geografía nacional; ante el nepotismo de los cabildos perredistas en Tabasco; ante la venta de su franquicia al cacique en turno de cualquier estado; ante la aprobación de leyes de destrucción neoliberal por las bancadas del sol azteca; ante la sospechosa similitud de nombres y apellidos de las listas de candidaturas perredistas con las de antaño del PRI y el PAN.
Son los mismos que quieren que nos traguemos la piedra de molino de que hay que sostener el proyecto macroeconómico, al mismo tiempo que se cambia la macropolítica.
Son los mismos que venden la ilustrada resignación a domicilio: el cada vez menos malo es la única opción… cómoda.
Son los mismos que dicen sin empacho que el gobierno protege la Otra Campaña para que ataque a López Obrador, mientras las diversas policías fotografían, vigilan y hostigan a l@s integrantes de la Karavana, a las coordinadoras estatales, regionales y locales. Los mismos que sienten un profundo desprecio por sus lectores y que, sin vergüenza alguna, un día les dicen que Rosario Robles es una heroína y al otro si te vi ni me acuerdo.
Son los mismos que descalificaron a los jóvenes estudiantes del CGH, que en 1999-2000 lograron con su movimiento, contra todo, mantener a la UNAM como universidad pública y gratuita; los mismos que aplaudieron en silencio la represión a los jóvenes altermundistas en esa vergüenza del calendario de Jalisco que es el 28 de de mayo de 2004.
Son los mismos que suspiran con deleite por los segundos pisos, el tren bala, el proyecto transístmico, las co-inversiones en PEMEX y la industria eléctrica, la entrada de México al circuito de béisbol de ligas mayores, los conciertos en el Zócalo de la Ciudad de México, el privilegio de la interlocución con las autoridades.
¡Ah! ¡Por fin una escenografía de nivel, o sea de segundo piso, para no ver o fingir no ver a l@s de abajo, l@s provocador@s, l@s acelerad@s, l@s aretud@s, l@s pelos parados, l@s revoltos@s, l@s nac@s, l@s maldit@s, l@s de abajo.
¿A quién le importa que sean los mismos en la política de arriba y que sea el mismo programa “macroeconómico” de antes? ¿Quién se fija en esas minucias? ¿Quién se preocupa porque ese programa represente la continuación y profundización de la destrucción de la Nación mexicana?
Son los mismos que ofertan la calamidad de no conformarse con lo que hay, mano, tampoco hay que ponerse muy exigentes, mano, porque si Madrazo o si Calderón, si el PRI o el PAN, a ver, ¿qué dirán las naciones extranjeras? Lo de los grandes inversionistas, mano, bueno pues ésos ya entendieron, ahora falta que entiendan, o sea que obedezcan, los de abajo. Pero ya está amarrado todo, mano, es la nuestra, mano. Ahora sí se nos hizo. Una asesoría, viajes, comidas, codearse con los meros meros.
Son lo que cargan sus agujereadas cubetas de agua para enfrentar la promesa escrita en Guanajuato: “aún hay muchas alhóndigas por incendiar”. Son los de la piel frágil que se resquebraja ante el primer señalamiento crítico y se desgañitan repartiendo etiquetas de “intolerantes”, “estalinistas”, “ultras”, “trasnochados”, “inmaduros”.
Los intelectuales de en medio… Donde la Otra dice “despierten”, estos intelectuales dicen, suplican, ruegan, imploran: “sigan dormidos”.
L@S OTR@S INTELECTUALES.
Desde abajo y desde la izquierda, un movimiento que se construye a sí mismo, la Otra, construye también nuevas realidades. Los neozapatistas pensamos que estas nuevas realidades que ya surgen, y que irán apareciendo más adelante, necesitan otra reflexión teórica, otro debate de ideas.
Esto requiere de l@s otr@s intelectuales, primero, la humildad de reconocer que se está frente a algo nuevo; y, segundo, integrarse, hacer suya la Otra, en ella conocerse y conocer al indígena, al obrero, al campesino, al joven, a la mujer, al niño, al anciano, al maestro, al estudiante, al empleado, al homosexual, lesbiana y transgénero, a la trabajadora y trabajador sexual, al ambulante, al pequeño comerciante, al cristiano de base, al trabajador de la calle, al otro, a la otra.
Nosotros pensamos que deberían participar directamente en las reuniones de adherentes en sus estados y, además, escuchar todo lo que dicen tod@s l@s adherentes en todo el país. Gracias a los medios alternativos, los otros medios, es posible seguir de cerca esta hermosa lección de historia nacional contemporánea. En su medio y con su modo, l@s otr@s intelectuales seguramente producirán análisis y debates teóricos que asombrarán al mundo.
Como zapatistas pensamos que la Otra campaña puede decir con orgullo que se merece a l@s mejores intelectuales de este país que forman parte de ella; ahora que ellas y ellos, con su quehacer propio, digan si se merecen a la Otra Campaña.
LA PALABRA QUE FALTA.
En el viejo y ajado cuaderno de apuntes de Elías Contreras, comisión de investigación del EZLN, hay una hoja suelta, cuidadosamente doblada, donde se lee:
Hay piedras que aún callan. Cuando hablen los secretos que guardan, ya nada será igual, pero, es seguro, será mejor para todos. Valdrá el ser y no el tener. Otra mano levantará la bandera y el mundo olerá, se oirá, sabrá y se sentirá como lo que debe ser: la digna casa de quienes lo trabajan.
OTRA VELA PARA SOMBRA.
Madrugada. Arriba la luna sigue en su deslavado desnudarse de la luz azul que la viste. La oscuridad le perdona la cicatrices y le ofrece, generosa, otro velo para su impudicia. Abajo la sombra se acurruca en el último rincón de su desvelo.
Eso que se levanta, ¿es un viento o un puente buscando lejos la otra orilla para acabar de tenderse?
Un suspiro, tal vez.
Y otra vez la duermevela y sus ilusiones: una serpentina suspirada y liada en un cuello ausente, el ansia levantándose y hundiéndose en el bajo vientre, el leve respirar de la sombra en el oído de la noche, el deseo vistiendo la morena luz de la penumbra, un beso largo y húmedo en los otros labios, la mano escribiendo una carta que nunca llegará a su destino:
Daría lo que fuera por enredarme entre sus piernas, por confundir nuestras humedades, por desgastarme en la luna hendida de sus caderas. Daría lo que fuera, menos dejar de hacer lo que es mi deber hacer.
Amanece.
El sol empieza a ayudar a las casas y edificios en su lánguido inclinarse a occidente.
El otro Jalisco afila la palabra y afina el oído.
Afuera preguntan:
“¿Listo?”.
Adentro la sombra dobla con cuidado el ansia, la pone en el bolsillo izquierdo de la camisa, cerca del corazón, y responde:
“Siempre”.
Desde la Otra Guadalajara.
Subcomandante Insurgente Marcos.
México, Marzo del 2006.
I
Desde siempre este pueblo es hermano del mar. Viven en vecindad, mirándose las caras cada mañana y oliéndose las brisas por la noche. De cuando en cuando, alguno irrumpe en la casa del otro, a veces en una visita amable y otras en un arrebato embriagado. Desde siempre, las vidas que habitan estas playas han dedicado sus horas y sus siglos a labrar este mar, a la confección de sus peces, a la costura de sus espumas, a la edificación de sus olas. Mar y pueblo se fabrican mutuamente, se contornean con manos múltiples y humildes, es decir, con manos propias.
II
Esta gente es la imposibilidad de la teoría, es el origen de cualquier palabra. Su materia constitutiva emerge de los jugos del maíz y la guayaba, en reacción explosiva. Este pueblo ha resistido los embates de todas las tormentas: las del olvido del mundo bien civilizado, las del desprecio por sus fonemas y sus texturas, las de la dictadura del dinero. Ha resistido y además sigue expandiéndose como un ala que se despliega. Sus tácticas son silenciosas y continuas, se multiplican invisiblemente hasta formar un sólido banco de arena. Su estrategia de combate más utilizada es la sonrisa, la alegría apacible con que reciben el sol en la cara, con que caminan senderos inexistentes, con que escarban la tierra. Sus suministros están conformados por raíces musicales: escúchalos decir coco – yuca –guanábana. Su alegría es la amiga íntima de su tristeza, andan siempre juntas pa’ todos lados. Sus movimientos emulan la impredecible fuga de las mareas, sus desplazamientos siguen la coreografía de los pelícanos y los cangrejos, la oscuridad es su geografía mejor conocida.
III
Quienes nos vamos a estudiar al extranjero –a Europa, por ejemplo- quedamos en mitad de un fuego cruzado que en ocasiones, lejos de amenazarnos, juega a nuestro favor. Ganamos lo que sabemos que ganamos cuando elegimos estudiar en el extranjero y, además, cargamos con lo que creemos que es una suerte de ‘credencial social’ para hablar de la injusticia y del dolor, otorgada por nuestros orígenes en países del tercer mundo, por nuestra militancia ilustrada en tierras pobres, por nuestro vago parentesco con quienes padecen verdaderamente el hambre. Qué curiosa esta práctica: los argumentos con que contamos para urgir la radicalidad son préstamos y derivaciones de los pueblos de los que venimos, pero a los que no pertenecemos completamente. Ni si quiera ellos mismos se pertenecen completamente, una vez que somos personas más híbridas que el agua. En esta zona, por ejemplo, heredera de batallas entre tarascos y purépechas, desembocadura de la cultura náhuatl, hay un caldo con especias de todos los confines, un caldo que se va sazonando cada nuevo día. Mientras tanto, quienes hemos cruzado el océano buscamos ganar ‘estatus disidente’ lanzando consignas más o menos escandalosas, haciendo de lúcidos juiciosos que saben por-dónde-quién-y-cuándo, de quienes no se dejan engañar…
IV
Esta gente, este pueblo de sal y roca, está muy lejos de la imagen del emancipador mártir, está muy lejos de la explícita vocación de perseguir un conocimiento revolucionario o una conciencia que se escape de los oscuros dominios de la ignorancia que oprime. Esta gente hace lo suyo, cosecha el plátano, repara las llantas de los despistados turistas a las orillas de la carretera, exprime los limones para el ceviche, colecta fierros retorcidos para reuso y venta, fabrica ladrillos y levanta con ellos muros macizos, anima escuelas rurales, vende mangos con chile, juega futbol en una cancha de barro los domingos, bebe cerveza cuando el partido ha concluido, canta y baila cada noche que puede, cuenta historias fantásticas y antiguas, se preocupa por vivir el día de mañana y por eso va bordando en el presente los trazos accidentados y multicolores que les sostendrán. Esta gente sabe –quizá mejor que nosotras- las complejidades del mundo y sus vaivenes: conocen las lógicas del acaparamiento, la explotación y la afrenta porque les han hecho resistencia desde siempre, porque tienen que derrotarlas cada día para poder irse a la cama sonriendo y cantando… o llorando, pero felizmente vivos. Este pueblo burla cotidianamente los abismos del sistema y se las arreglas para florecer, para conservar vivas y encendidas sus palabras y, aún más, para seguir creando y expandiendo su mosaico de colores. La de ellos es una guerrilla sigilosa y tácita: está ahí en los lugares más insospechados; en la textura del dulce de cocada, en el batir del tejuino, en el ánima del mezcal, en el bordado de guacamayas sobre la manta. Qué poquito puede hacer cualquier fórmula rígidamente académica por aquí, cualquier bandera libertadora autodesignada… cuánta falta hace que aprendamos a escucharles, a hablar con sus palabras, es decir, a fundir nuestras palabras con las suyas, es decir, a tropicalizar las teorías, es decir, a contar su historia con múltiples léxicos, es decir, a confeccionar una historia compartida, es decir, a multiplicar esta versión del mundo, es decir, a dialogar inventando, es decir, a inventar dialogando, es decir,
Antar Martínez
Modelos de diferente tonalidad de piel anuncian una marca de ropa, mientras en otro canal de televisión se proyectan imágenes de una guerra entre pueblos, iniciada por un odio histórico, alimentada por intereses económicos externos. Venta de dispositivos electrónicos manufacturados en el oriente, con materias primas del sur, patentados en el norte. Mientras en la siguiene calle hay un restaurant con platillos de comida con ingredientes locales y sabores extranjeros. Recibimos noticias de la familia en el exilio, en la diáspora, en el otro lado. Flujos migratorios masivos, desplazamientos a sitios lejanos. Sonidos, sabores, imágenes de lugares lejanos en un sitio cercano.
En un mundo cada vez más interconectado, las comunicaciones son más veloces, las diferencias más cercanas, las relaciones más complejas, lo global y lo local conviven cotidianamente.
El orden neocolonial, entendido como las nuevas dinámicas de relación internacional que perpetúan el antiguo orden entre las colonias y las metrópolis, se manifiesta de múltiples maneras en la sociedad, creando desigualdades y reproduciendo injusticias, exclusión y control social.
Este orden social naturalizado, legitimado y normalizado, conlleva a la inevitabilidad de un destino poco amable, a la aceptación de lo inaceptable.
Un orden que se traduce económicamente en ganancia para unos, pérdida para otros e indiferencia para muchos.
En este contexto, son necesarias y urgentes movilizaciones y micro-revoluciones que permitan unir esfuerzos en la tarea colectiva de pensar global y actuar local, de examinar nuestros prejucios, miedos y estereotipos heredados o tomados prestados, de construir una nueva globalización, que no esté basada en la explotación de muchos al servicio de pocos. No es tarea sencilla, pero tampoco imposible.
Fernando Zarco